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pues yo vi en mi misma cómo es el infierno
sine mal intentio (sin malas intenciones)
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Jesús sangraba en sus manos y pies, por los clavos, en su frente, por su corona de espinas, y sus ojos, que deberían estar clavados en el suelo de Gólgota, estaban ligeramente dirigidos al frente, como diciéndome “sálvate tú, antes que seas el siguiente”


pues una palabra tuya bastará para salvarme:
Relatos de bolsillo
por Mercedes Balquiar
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